03 Cuando quince firmas coinciden
El sesgo no vive solo en el inversionista individual: se concentra donde el nombre es el producto. Cuando quince voces acreditadas coinciden, la coincidencia se lee como evidencia. No lo es. Coincidir no es verificar — y menos cuando quienes coinciden comparten la misma fuente de información, los mismos incentivos y la misma presión competitiva.
El 18 de octubre de 2001, los quince analistas de Wall Street que cubrían Enron y eran seguidos por Thomson Financial/First Call calificaban la acción como compra; doce de ellos, compra fuerte. 45 días después, el 2 de diciembre, Enron presentaba la quiebra más grande de Estados Unidos hasta entonces. El consenso completo estaba del lado equivocado, y su unanimidad fue justamente lo que lo hizo creíble.
Y sin embargo alguien lo vio. En mayo de ese mismo año, una firma de investigación independiente ya había publicado que la acción estaba sobrevaluada, con los problemas contables señalados. Tenía la tesis. Lo que no tenía era la credencial — y por eso casi nadie la leyó.
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