03 Cuando el cajón cobra
En un teatro, la cuenta mental cuesta una función. En un portafolio, la más cara separa dividendo de precio: el dividendo se archiva como ingreso —dinero que llega, que se puede gastar— y el precio como patrimonio, que no se toca. Son dos cuentas distintas en la cabeza. En la realidad son la misma.
El día ex-dividendo —el primer día en que comprar la acción ya no da derecho a ese pago— el precio baja aproximadamente por el monto repartido. No entró dinero nuevo: se movió de una columna a otra dentro del mismo patrimonio. El rendimiento total, que es lo único que existe, no cambió por el reparto.
Samuel Hartzmark y David Solomon documentaron el tamaño del hábito. Individuos, fondos e instituciones rara vez reinvierten el dividendo en la acción que lo pagó: lo tratan como flujo aparte. El efecto disposición —el sesgo del DG 17— responde al movimiento del precio, no al rendimiento total. Y cuando la demanda por dividendo sube, esas acciones rinden entre 2 y 4 puntos porcentuales menos al año. El cajón no es gratis: cobra en rendimiento.
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